“ Sentía que mi mente no se apagaba nunca”, recuerda. Las preocupaciones, las pendientes y la presión diaria formaban un ruido interno que lo acompañaba hasta en casa. Fue entonces cuando, por recomendación de un amigo, decidió probar algo distinto: salir a caminar por senderos naturales. A sus 38 años, Luis lleva una vida marcada por las responsabilidades. Padre soltero, divorciado y con un trabajo absorbente, sus días transcurrían entre largas jornadas laborales y el compromiso inquebrantable de sacar adelante a su hijo. El tiempo parecía no alcanzarle y el estrés se había convertido en una constante difícil de ignorar. Cuando se animó a caminar no sabía qué esperar. “Pensé que sería solo ejercicio, pero fue mucho más que eso”, cuenta. En medio de la naturaleza, lejos del tráfico y las exigencias, encontró algo que ya había olvidado: silencio. No uno vacío, sino uno lleno de calma. Cada caminata se transformó en un espacio personal, terapéutico. Mientras avanzaba entre árboles y...
" El mundo comercial, con sus agendas saturadas y las notificaciones digitales, se desvanece apenas el camino empieza a serpentear hacia el suroccidente. Dejar atrás la urbe es, en realidad, un acto de despojo; uno no va hacia Lloa, uno se desprende hacia ella. "Al internarse en los bosques que abrazan las faldas del Guagua Pichincha, el aire cambia su densidad. Ya no es el gris viciado de las arterias urbanas, sino un hálito frío que huele a tierra antigua y verdor natural. Es adentrarse a un lugar en el que el silencio deja de ser carencia de ruido y se revela como una presencia con identidad propia. Los estudiosos de los laberintos de la mente, sostienen que este silencio consciente es el único bálsamo capaz de calmar el sistema nervioso, ese animal acosado por el tráfico y las prisas. "Al cerrar los ojos bajo la sombra de los polylepis y los arrayanes, el tiempo recobra su dimensión sagrada. La respiración se acompasa con el crujir de la hojarasca. No es una ausenci...