Al principio nadie hablaba. Camin谩bamos lento entre 谩rboles h煤medos y piedras antiguas, y cada paso parec铆a un di谩logo privado con el cansancio. 脡ramos seis, distintos en edad, car谩cter y silencios. Camin谩bamos porque alguien lo propuso, pero sin saber muy bien qu茅 busc谩bamos ni para qu茅 aceptamos. Paso a paso nos aventuramos. De a poco, el bosque nos fue abrazando. El bosque se fue cerrando como un abrazo. El ruido de la ciudad qued贸 atr谩s y, con 茅l, la prisa. Poco a poco, la respiraci贸n encontr贸 su ritmo y algo adentro empez贸 a acomodarse. Caminar no era solo mover las piernas: era ordenar pensamientos, soltar pendientes invisibles, escuchar lo que normalmente se tapa con ruido. En una subida complicada, Marta resbal贸. Antes de que el miedo apareciera, dos manos la sostuvieron. Nadie dijo “gracias”, pero la sonrisa bast贸. Desde ah铆, el grupo cambi贸. Empezamos a avisar piedras sueltas, a regular el paso, a esperar al que se quedaba atr谩s. El sendero nos ense帽贸, sin d...
Motivamos la pr谩ctica del senderismo por entornos seguros como alternativa para el fortalecimiento de la salud f铆sica y mental. El Programa lo estamos implementando en Lloa, parroquia rural ubicada a 12 kil贸metros al suroccidente de Quito, a los pies del Guagua Pichincha, en Ecuador.