"El mundo comercial, con sus agendas saturadas y las notificaciones digitales, se desvanece apenas el camino empieza a serpentear hacia el suroccidente. Dejar atrás la urbe es, en realidad, un acto de despojo; uno no va hacia Lloa, uno se desprende hacia ella.
"Al internarse en los bosques que abrazan las faldas del Guagua Pichincha, el aire cambia su densidad. Ya no es el gris viciado de las arterias urbanas, sino un hálito frío que huele a tierra antigua y verdor natural. Es adentarse a un lugar en el que el silencio deja de ser carencia de ruido y se revela como una presencia con identidad propia. Los estudiosos de los laberintos de la mente, sostienen que este silencio consciente es el único bálsamo capaz de calmar el sistema nervioso, ese animal acosado por el tráfico y las prisas."Al cerrar los ojos bajo la sombra de los polylepis y los arrayanes, el tiempo recobra su dimensión sagrada. La respiración se acompasa con el crujir de la hojarasca. No es una ausencia de sonido lo que nos rodea; es una sinfonía de frecuencias breves y sutiles: el susurro del viento que peina el pajonal y el trino lejano de un ave que parece dar armonía a los pensamientos. En este entorno, el cerebro descansa de su vigilia analítica y se entrega a la contemplación.
"Mas, el clímax de esta aventura tiene lugar en el encuentro con el agua. Al aproximarse a las cascadas que se ocultan en los pliegues de la montaña, el rugido blanco al caer, borra las ansiedades y detiene las prisas. Es un sonido que envuelve... que acaricia. El fluir del agua cristalina y gélida, pareciera tener propiedades alquímicas: mientras golpea la roca, parece también golpear y pulir las aristas de nuestras preocupaciones mundanas.
"Estar allí, de pie frente al salto de agua, es comprender la neurociencia desde la emoción. La presión arterial cede ante la majestad de lo natural; el ánimo, fragmentado por mil tareas pendientes, se unifica en un solo presente. En ese instante, bajo el dosel verde de los bosques andinos, comprendemos que la paz interior no es un destino que se alcanza, sino un estado que se recupera cuando tenemos la sabiduría de guardar silencio y, simplemente, escuchar.
"Lloa no es un lugar; es el refugio donde el hombre vuelve a ser parte de la creación, dejando que el murmullo del bosque sea la única agenda que valga la pena cumplir.
Por: Pepe Fantasma
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